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miércoles, 23 de octubre de 2013

Mis veintiocho


Hoy es mi cumpleaños, hoy hago recuento, miro atrás.
No me considero una persona pesimista e intento ver las cosas desde la mayor racionalidad y un punto de vista positivo. Creo que de las malas decisiones nace la experiencia que te lleva a tomar buenas decisiones.
Pero este año entro en mi nueva edad un tanto desilusionada, apática. Miro a mi alrededor, a las personas que siempre me han rodeado y observo sus vidas, muchos parados, algunos con trabajos basura y sólo unos pocos, los más afortunados, con un trabajo estable. A estos últimos los envidio, pero hasta estas personas con un ''buen'' trabajo '' y con sueldo digno tiemblan día a día por quedarse en la calle. Y no es justo.
Llevo un año viviendo en una nueva ciudad que ya no es tan nueva, apostando por un negocio en el cual he invertido dinero, dinero que no tenía, por lo que me he endeudado con un banco. En realidad yo quería ser profesora en la educación pública y me preparé para ello, pero esto se truncó a causa de los recortes, por eso nos decidimos, unos amigos en la misma situación y yo, a lanzarnos a montar nuestro propio negocio sin más ayuda que el sacrificio de nuestros padres, que han demostrado creer en nosotros por encima de todo. Sin la ayuda prometida por el Estado, ni siendo mujer, ni emprendedora, ni menor de treinta. Todo era mentira.
Y así pasan los meses con varias crisis cada cierto tiempo, valorando si seguimos con esto o abandonamos el barco. Y siempre continuamos con la esperanza de la mejora, porque de perdidos al río, porque según están las cosas habrá que seguir intentándolo... pero todo tiene un límite.
Hoy, día de mi cumpleaños, aunque parezca mentira, entro motivada a sacar mi negocio adelante, a invertir de nuevo en prepararme unas oposiciones que para no variar no sabemos si van a salir. Y así tiramos de frente, contando con la confianza incondicional de nuestros padres, que ven cómo sus hijos se han formado, preparado, estudiado hasta la saciedad, se han tirado a la piscina y no obtienen resultados. Por lo menos están en España, pensarán viendo cómo otros ya han emigrado. Nunca podremos pagarles lo que han hecho por nosotros, a veces me parece increíble que crean en nuestros proyectos de esa manera.
Mi vida a los veintiocho no me la imaginaba así, la verdad. Me la figuraba con un sueldo decente, viviendo mi vida independizada física y económicamente. Puede que la culpa sea mía por formarme expectativas, aunque me parece lógico aspirar a aquello para lo que nos hemos preparado y que considero merecemos los jóvenes de este país. Lo ilógico sería estudiar, esforzarte, trabajar, tener iniciativa con la idea de no prosperar. Te dicen que es lo que hay, que según están las cosas... Las cosas están mal, sí, es verdad, pero no puedo evitar llorar de rabia cuando escucho a los de arriba mentir, engañarnos e intentar convencernos que tenemos que apretarnos el cinturón mientras se destapan día a día casos de corrupción en las altas esferas, de los cuales conoceremos sólo la punta del iceberg.
Seguiré luchando por mi futuro, porque creo que el sacrificio siempre tiene su recompensa, sin poder evitar pensar, sin embargo, como esto sería posible si no nos pusieran continuamente la zancadilla, cargándose de un plumazo a una generación.

No estamos parados, no somos unos ninis, trabajamos, invertimos, buscamos, pero casi lo habéis conseguido, casi nos habéis anulado, casi nos hacéis creer que son verdad vuestras mentiras, vuestros discursos. Aunque a veces nos ponéis muy fácil desmontar vuestros engaños gracias a la mala calidad de personajes disfrazados de políticos que tenemos que aguantar. Si algo nos estáis enseñando, bajo mi punto de vista, es a no creer en los políticos, ni en las instituciones ni en el sistema.
Pero mientras quede esta rabia en nuestro interior no todo está perdido.